Nueve secretos de Menorca


Bodegas locales, rutas senderistas mercadillos y bares de toda la vida para conocer la cara más auténtica de la isla balear

Cuando uno conoce los principales puntos turísticos de Menorca, llega el momento de conocer su parte más auténtica; la de los bares y restaurantes que frecuentan los isleños, la del legado histórico de talayots y monumentos megalíticos o la de las pequeñas bodegas que frecuentan los menorquines de buen vivir, visitando los viñedos de los que surgen vinos originales y únicos. Ruta por las joyas escondidas en una de las islas más turísticas (y auténticas) del Mediterráneo.

Locos por el vino


Terraza de la bodega Binifadet, en Sant Lluis (Menorca).

Fueron los ingleses quienes potenciaron el cultivo de la vid para la elaboración de vino y ginebra en Menorca, destinados a sus tropas en el siglo XVIII. Y a finales del siglo XX, un grupo de jóvenes emprendedores se atrevió a recuperar la entonces desaparecida tradición vinícola menorquina y actualmente la cosa promete: existen ocho bodegas que realizan excelentes elaboraciones a partir de diferentes tipos de uva.

Binifadet es la bodega de mayor renombre fuera de la isla. Está en la entrada de Sant Lluis por la pequeña carretera de Es Castell y se puede visitar tanto el celler como los viñedos, o participar en una cata. Hay otras referencias más pequeñas, como Son Cremat o Sa Cudia, cuyas viñas se encuentran dentro del parque natural de S’Albufera d’es Grau, en una finca espléndida.

Entre los pioneros del vino menorquín está Cipriano Mariano, cuya bodega Ferrer de Montpalau combina en su elaboración saberes ancestrales y tecnología contemporánea. Otras referencias menorquinas son Hort Sant Patrici, Sa Marjaleta (que elabora uno de los mejores blancos de la isla) y Binitort, cuya bodega está construida en el interior de una cantera de marés abandonada.

La noche de Ciudadela


Restaurantes en el puerto de Ciudadela, en Menorca. Stuart Black Getty

Los ciudadelanos presumen de la vida nocturna más movida de Menorca, concentrada sobre todo en el área del puerto, donde cada uno puede encontrar su ambiente favorito. El Pla de Sant Joan reúne la oferta más marchosa, donde destacan locales como Kopas Club, con los cóctelels más imaginativos de la ciudad o la discoteca TwentyNight, que no disimula su carácter canalla, con un horario que se prolonga hasta la madrugada. El Jazzbah es el favorito de los famosos y una de las salas de música en directo más activas de la isla, mientras el Shisha Club es el local más original de puerto, especializado en narguiles de todos los sabores que se fuman escuchando música funk, black o R&B. En el Sakova dominan los ritmos latinos y para quien prefiera ambientes más tranquilos, las agradables terrazas del Café Gabanna o del Sa Clau invitan a tomar una copa junto al muelle deportivo.

De compras en Ciudadela


Puestos de un mercadillo callejero en Ciudadela (Menorca). Allan Baxter Getty

La zona de los mercados es una de las más animadas de Ciudadela. Por ejemplo, gracias al mercado del pescado, cuya estructura metálica diáfana fue construida a mediados del siglo XIX y rehabilitada en 2011. Invita a pasear entre sus puestos para observar –y comprar– género siempre fresco. Enfrente, bajo unos soportales, se ubican los puestos del mercado de carne y verduras.

Además, la ciudad cuenta con dos mercadillos ambulantes semanales en la Plaça del Born, con puestos de ropa y souvenirs, y tres mercados de artesanía: el Mercat Capilonch, el de Costa marina y el Mercat Artesanal.

Las fiestas de Sant Joan


Uno de los tradicionales ‘cavallers’ de las fiestas de Sant Joan, en Ciudadela (Menorca). Tolo Balaguer Agefotostock

El caballo es el protagonista de las fiestas de Sant Joan de Ciudadela, celebración de origen medieval que congrega a miles de visitantes. La fiesta comienza el domingo anterior al 24 de junio con la aparición de s’homo des be (el hombre del cordero), que representa a San Juan Bautista y recorre las calles de la ciudad con un cordero blanco sobre los hombros. Pero los actos más destacados son los caragols del Born y de Santa Clara, que tienen lugar el 23 de junio, víspera de Sant Joan, en los que los cavallers hacen bailar y levantar las patas delanteras a sus monturas entre una multitud enfervorizada por la alegría (y los ginets con limonada). Las fiestas finalizan con el darrer toc de fabiol y el tradicional “fins l’any vinent si Déu vol” (hasta el año que viene si Dios quiere)

Productos de kilómetro cero


Panorámica del pueblo de Ferreries, en Menorca. Agefotostock

Los sábados por la mañana, los payeses de los alrededores del pueblo de Ferreries (a 16 kilómetros de Ciudadela) se instalan en la plaza España para vender sus productos: quesos, embutidos, verduras, fruta y hierbas aromáticas. Visitar este mercadillo ayuda a descubrir la Menorca más rural y auténtica.
Subir al monte Toro

En Menorca también hay opciones para los senderistas, como los 358 metros de altitud que convierten al monte Toro en el punto más alto de la isla. En un día despejado, desde su cima puede contemplarse toda la isla y parte de la vecina Mallorca. La panorámica sobre la bahía de Fornells y las calas de la costa norte es, sencillamente, espectacular.


Vistas desde la cima del monte Toro, en Menorca. Íñigo Quintanilla Agefotostock

En la cumbre del monte hay un conjunto monástico que el horrible cúmulo de antenas de la zona no consigue afear. Su iglesia fue construida a finales del siglo XVI, pero debido a los destrozos sufridos a comienzos de la Guerra Civil requirió una restauración que la modificó de manera considerable. En el interior se custodia la imagen de Nuestra Señora de Toro, una talla de madera encontrada por unos frailes mercedarios en el siglo XIII. En la actualidad, el santuario alberga una comunidad de monjas franciscanas de clausura que regentan una cafetería con magníficas vistas, donde se sirven meriendas, cafés y refrescos (pero no bebidas alcohólicas).

Ruta talayótica

Menorca es una isla rica en monumentos megalíticos, tal y como atestiguan sus más de 1.500 yacimientos arqueológicos. Descubrir sobre el terreno qué era y qué función tenían un talayot, una naveta o una taula permite conocer la historia antigua de la isla. Y si se viaja con niños, los poblados de talayots son una excelente manera de estimular su imaginación.


Yacimiento arqueológico cerca de Mahón, en Menorca. Douglas Pearson Getty

Una ruta talayótica permite explorar los principales yacimientos de la zona oriental a través de un camino que arranca en el poblado de Binissafullet, visitando unas excavaciones que han logrado sacar a la luz vestigios del siglo X antes de Cristo. La ruta prosigue por el talayot de Trebalúger, uno de los más antiguos de la isla, entre Sant Lluis y Es Castell. Más adelante está el poblado talayótico de Trepucó, uno de los más grandes, así como el de Sa Cudia Cremada y el de Talati de Dalt, que cuenta con una necrópolis en cuevas artificiales. La ruta culmina en Torralba d’en Salort, uno de los poblados más espectaculares, con dos talayots, la taula, cuevas artificiales, viviendas y una sala hipóstila.

Mahón y alrededores


Panorámica del puerto de Mahón al atardecer. Gonzalo Azumendi Gett

Hasta hace pocos años, los vecinos de Mahón y los pueblos circundantes, ajenos al turismo, cerraban sus comercios en agosto. El panorama actualmente es muy distinto, y el centro de la ciudad está repleto de tiendas, boutiques y restaurantes de calidad a disposición de los turistas; una amplia oferta que redondea una jornada que incluye visitas a viejos palacios y monumentos, playas, calas y pueblos recónditos. La convergencia entre la ciudad y los alrededores es perfecta.

Para tomarle el pulso a Mahón hay que sentarse en la terraza del American Bar, o en la del cercano Andalucía, donde los vecinos contemplan el trajín de la vida diaria. Está situado en la Plaça Reial, auténtico epicentro urbano. El bar-restaurante de toda la vida es del Casino de Sant Climent: tapas y raciones generosas de cocina menorquina bien elaborada. De corte tradicional es también La Rueda, restaurante cuya planta baja funciona como bar de pueblo, con tapas de cocina local.


Terraza de un bar tradicional en Mahón (Menorca). Findlay Rankin Agefotostock

Miramar, en Cales Fonts, es el restaurante adonde hay que ir a tapear mientras se observa, cerveza en mano, cómo los barcos desaparecen tras la punta de S’Escala. Sus patatas bravas, huevos estrellados, chipirones, calamares y pescado fresco son muy populares, y algunas de las verduras proceden del huerto del propietario.

La escena cultural de Mahón tiene como referente principal al Teatre Principal de Maó, uno de los teatros de ópera más antiguos de España, edificado en 1829 sobre la muralla derruida de la ciudad. Tiene una activa programación veraniega que comienza en junio con la Semana de la Ópera.

Día de mercado en Mahón


Entrada del mercado de pescados de Mahón. Javi Julio Getty

En Mahón hay dos plazas comerciales de visita obligada. El primero, el Mercat des Claustre, combina puestos tradicionales de alimentación –carnes, frutas, verduras, frutos secos-, con tiendas especializadas en productos típicamente menorquines, floristerías, souvenirs y artesanía; incluso un taller de vidrio y cerámica. El segundo es el mercado del pescado, una construcción de 1927 del arquitecto Francesc Femenía, que además de vender frescos productos del mar ofrece, desde hace tiempo, puestos de sabrosas tapas para degustar y llevar.

Noticia recogida en El Pais

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